RELATO DE TERROR

¡¡Hola a todos!!

Aprovechando la confianza que me merecéis como lectores, os voy a pedir el favor de que esta vez actuéis de críticos. Voy a participar en varios concursos de relatos de terror, como sabéis es un género al que no me dedico habitualmente y en el que carezco de experiencia. Por ello he elaborado varios relatos y micro relatos y estoy valorando los que finalmente irán a concurso. Obviamente esos no los puedo hacer públicos pero comparto con vosotros este primer relato que escribí ya que por sus características queda fuera de concurso y así hacéis de críticos y me dais vuestra más sincera opinión siempre con el fin de mejorar. MUCHAS GRACIAS Y ESPERO QUE LO PASÉIS DE MIEDO.


¡¡LO VAS A PASAR DE MIEDO!!

La muerte vestida de negro y sin rostro, advierte a todo el que osa entrar en el pasaje más terrorífico: ¡Lo vas a pasar de miedo!

No es que me encante este trabajo pero es un buen currículum para impulsar mi carrera de actriz. Además, una buena terapia de choque para vencer mis miedos. Soy la muñeca rota del pasaje del terror. Estoy colgada del techo por unas cuerdas. De vez en cuando bajo los brazos porque ya los tengo doloridos de mantener la misma posición tanto tiempo. Llevo cortes en las muñecas, en la cara y un buen tajo en el cuello que da realmente la sensación de estar degollada. Sólo digo una frase: "¿Quieres jugar conmigo?". Obviamente jamás me darán un Goya por ello. La música es un poco lo peor. La niña cantando en satánico, el llanto del bebé, las puertas chirriando... Pero lo que peor llevo es el sonido de la sierra mecánica; me pone enferma. El corazón se me acelera y la garganta se queda seca aunque sepa que es de mentiras. Después de media hora una se acostumbra a eso y a la oscuridad apenas iluminada por los alógenos fluorescentes. Enseguida se sabe si hay visitantes por las risas mezcladas con los gritos de terror. Hay gente que se ríe en tu cara, no temen a nada y otros que se acojonan nada más verte y gritan: "¡No me hagas nada! ¡No me toques!".

De pronto saltan los automáticos y el pasaje se queda en la más absoluta oscuridad. A lo lejos apenas alumbra una luz de emergencia. Todo está en silencio. ¡Vale! Definitivamente esto no me gusta. Es la primera vez que pasa. ¡Calma! Seguro que en un minuto vuelven a poner todo en marcha.

Han pasado cinco minutos y todo sigue igual. No se oye nada y eso me mosquea. Iría en busca de algún compañero para preguntar qué está sucediendo, pero lo reconozco, estoy un poquito acojonada y no me hace ninguna ilusión andar por esos pasillos a oscuras. ¿Y si les da por gastarme una broma?

Ya han pasado diez minutos, aunque me cague de miedo tengo que ir a investigar. Afortunadamente llevo el móvil encima y enciendo la linterna para guiarme por los pasillos. Voy muy despacio porque no quiero llevarme ningún susto. Llamo a Fran, él hace de Freddy y es el compañero que tengo más cerca. "Fran, ¿qué ha pasado?". Fran no responde. Tropiezo con algo. Guío la luz de mi linterna hasta el bulto que se encuentra a mis pies. Un charco de sangre rodea el cuerpo desmadejado de Fran. Le han amputado las manos. Es lo único que me da tiempo a ver porque grito con todas mis fuerzas y seguidamente vomito. Un grito desgarrador rompe este puto silencio; y no es el mío. "¡No por favor, por favor, por favoooor...!". Es la voz de Blanca, una de mis compañeras que va caracterizada de niña del exorcista. Entonces arranca el sonido de la sierra mecánica y los gritos de Blanca se hacen dolorosamente aterradores. La... la... ¡La está descuartizando! Mi primer impulso es el de gritar con todas mis fuerzas pero me controlo, no quiero que ese loco me encuentre. Corro hacia la salida pero está todavía muy lejos, yo me encuentro más o menos a mitad del pasaje. La luz del móvil parpadea y se apaga. ¡¡Mierda!! Me he quedado sin batería. La sierra mecánica cada vez se oye más próxima a mí. Estoy llorando, esto es demasiado real y estoy aterrada. ¡Dios mío! ¡Tengo que salir de aquí! Tropiezo con algo y me golpeo fuertemente en la cabeza. El dolor es insoportable pero me levanto. ¡Ya no se oye! Está todo en el más absoluto de los silencios. Noto mis manos viscosas y mi cara también. Están manchadas de sangre pero ésta es real. ¡Qué asco! Intento controlar las arcadas. En la oscuridad puedo distinguir un rostro de payaso. Es Nicolás. Lo llamo instintivamente aunque de sobras sé que él también está muerto. Giro su cuerpo y entonces veo que le han sacado las tripas y cuelgan sangrientas fuera de su cuerpo. Grito con todas mis fuerzas pero enseguida me tapo la boca y convulsiono. La sierra mecánica se vuelve a oír y está detrás de mí. Corro, grito, corro... Pero ya es demasiado tarde; me ha encontrado. Es la muerte sin rostro. Me amenaza con la sierra mecánica y con una voz espeluznante me dice: ¡¡Lo vas a pasar de miedo!!



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