LA LISTA DE DESEOS

Querid@ lector@:

Gracias por darle una oportunidad a este relato. Si ya has leído EL AMOR ES UNA... Espero que disfrutes de esta pequeña secuela navideña que he querido regalarle a las chicas y a mis lectores. Si, por el contrario, vas a conocer por primera vez a las chicas del club, espero que disfrutes de esta pequeña reunión con ellas y si te divierte y quieres conocerlas mejor... no dejes de leer EL AMOR ES UNA...
Con todo mi cariño, deseo que este pequeño relato te saque una sonrisa y hagas también tu lista de deseos pues... a veces se hacen realidad.


Página facebook: Vanessa González Villar escritora



 LA LISTA
 DE DESEOS

-Vanessa González villar-



Aunque  creo que ya muchos me conocéis, me presentaré: soy Laura. Mis amigas y yo sufrimos una larga temporada por amor y por eso formamos un club denominado «El amor es una...», ya os podéis imaginar la de calificativos con los que terminábamos la frase. Sí, para mí el amor era una auténtica mierda. Solía pensar así pues no tenía mucho éxito en esos temas, hasta que Héctor por fin se dio cuenta que me quería y que juntos podíamos ser muy felices. Ahora pienso que el amor es maravilloso, auténtico, único, genial, loco, apasionante, etc. Y podría seguir así indefinidamente; pero no soy la única que he cambiado de parecer... ¿Os acordáis de mis amigas? Esta noche tenemos cena de chicas. Solo hemos tardado tres meses en poner fecha para que todas pudiéramos coincidir y aún nos queda la parte más importante...
«Qué os vais a poner? (Emoticono sonrisa forzada)».
Es Coral la primera en preguntar. Y ahí es cuando se abre el debate de si vestido, pantalón, zapatos de tacón o bailarinas para ir más cómodas. ¡Ah! Y la pregunta clave, que hace Helena:
«¿Qué os vais a hacer en el pelo? Porque dan lluvias y si me lo plancho acabaré pareciendo el león de la Metro Wolden Mayer. (Emoticono lacrimógeno)».
Hemos quedado a tomar una copa antes de la cena, según Ana Mae, para ponernos a tono. Y para no perder la costumbre, Arantxa llega media hora tarde.
—Perdón, perdón, perdón —se disculpa sofocada— es que Eloy no se dormía y si salía de casa y él se daba cuenta, se hubiera puesto a llorar como endemoniado. Tiene «mamitis aguda».
Arantxa es madre primeriza y esta noche, por primera vez, se ha atrevido a salir de fiesta después del nacimiento de Eloy y el cargo de conciencia es tal, que menuda noche nos espera...
—¿No serás tú la que tiene complejo de madre superprotectora? —dice Coral—. Por Dios, Arantxa, que lo has dejado con su padre, no con un asesino en serie.
Arantxa hace un puchero y busca asiento pero no le dejamos que se acomode porque tenemos la reserva en cinco minutos y ya llegamos tarde al restaurante. De camino unas gotazas de tormenta nos sorprenden. ¡Estupendo! Y nosotras sin paraguas y mira que Helena ya nos lo advirtió. Echamos a correr para no acabar empapadas, con tal mala suerte que Ana Mae tropieza y se le rompe un tacón.
—¡Mierdaaaaaa!
Digamos que nuestra noche fantástica de chicas, no promete demasiado. Entramos al restaurante echas un auténtico adefesio, con una Ana Mae coja y malhumorada.
—Yo así no puedo ir a ninguna parte —dice frustrada— tendré que coger un taxi nada más cenar.
—De eso nada, guapa —declaro yo— tú te emborrachas con nosotras.
—¿Quieres que vaya descalza toda la noche?
—¡Tengo la solución perfecta! —afirma Coral.
Y no sé exactamente si es culpa del vino o culpa de las neuronas que a causa de la edad se nos están fundiendo, pero acabamos las cinco en el baño, con un cuchillo jamonero, rompiendo el tacón del otro zapato de Ana Mae.
Después de la cena acabamos en un pub; afortunadamente ya no llueve y no tenemos que volver a remojarnos. Pedimos una primera ronda de mojitos. Como están cerca las fechas navideñas, el pub está atestado de grupos de cena de empresa. Y ya se sabe que en estas ocasiones se dicen y hacen muchas burradas pues todo el mundo está ebrio. De camino a la barra recibo todo tipo de proposiciones indecentes. Es curioso porque cuando estábamos solteras no ligábamos tanto como ahora. ¿Por qué? ¿Acaso llevamos un cartel colgado que diga «éstas tías están pilladas» y eso le da más morbo a los hombres?
—A Dios pongo por testigo que como no guardes ese móvil de una puñetera vez, lo meto dentro del mojito —le amenaza Ana Mae a Arantxa.
Y tiene toda la razón. En toda la noche ha estado más pendiente de su hijo y su marido que de nosotras que estamos aquí presentes.
—Perdón. Os prometo que a partir de este momento soy toda vuestra.
Y para demostrarlo, guarda el móvil en su bolso. Suena «La bicicleta» ¡qué temazo! (debe sonar irónico) y las cinco nos levantamos como un resorte y nos ponemos a bailar. Después, una segunda ronda de mojitos. Sin saber cómo ni por qué, Helena se pone a llorar y se vuelve contagioso. De nuevo las cinco nos encerramos en el baño pues no queremos dar el espectáculo.
—¿Qué os pasa? —pregunto preocupada.
—Que Valentín y yo lo hemos intentado por todos los medios pero no me quedo embarazada —nos cuenta Helena—. No os lo quería contar por no aburriros con mis problemas pero... ya no puedo más.
Helena vuelve a llorar y Ana Mae, por solidaridad, llora con ella.
—Pues yo tengo que cerrar la tienda. Con lo que me costó abrirla... pero esta puñetera crisis ha podido conmigo.
Eso y su afición al IKEA pienso yo, pero no es bueno decírselo. Ana Mae y Sergio se compraron un adosado esperando vender sus respectivos pisos pero... de momento solo uno de ellos han conseguido alquilarlo. La verdad es que es una grandísima... faena.
—Pues ya que estamos en el momento de las confesiones —llora Coral— van a vender a Silka y a Kaliv. Me siento impotente porque hasta el momento no he podido hacer nada para evitarlo.
—Perdón —la interrumpe Arantxa— ¿de quién estás hablando?
—¡Mis delfines!
Por lo visto las arcas del Oceanogràfic también se han resentido con la crisis y a los delfines de Coral les espera una nueva vida en un acuario de Estados Unidos.
—¿Y si nos pedimos otra ronda? —propongo—. Porque me prometisteis una noche divertidísima y esto parece «La casa de Bernarda Alba».
—Laura tiene razón, ¿qué os pasa chicas? Nunca os habéis dejado vencer por las adversidades. ¿Y lo vais a hacer ahora? Hagamos una cosa.
Todas miran a Arantxa con cara de circunstancias; de haber sido del todo imposible porque le está dando pecho a Eloy y por eso no bebe, hubiéramos jurado que estaba borracha.
—Vamos a escribir nuestros deseos por navidad. Y al año que viene, cuando nos volvamos a reunir, leeremos nuestros deseos en voz alta y brindaremos porque estoy convencida de que se habrán cumplido ¿Qué os parece?
—Una gilipollez —proclama Ana Mae.
—¿Esnifas cola-cao? —pregunta Helena irónica.
—A mí me parece buena idea —digo por solidaridad con Arantxa.
—Estoy muy borracha para oponerme; haced de mí lo que queráis.
Arantxa le pide papel y boli a uno de los camareros. Cada una escribimos nuestro deseo en un papel y luego lo metemos dentro de una botella de Cola-cola que previamente hemos limpiado y secado bajo el secamanos para evitar que nuestros deseos acaben diluidos.
—Y ahora brindemos por nuestros deseos; para que todos se cumplan. ¡Por nosotras!
Las chicas me siguen en el brindis. Ahora solo queda esperar a que nuestros sueños se hagan realidad.

-UN AÑO DESPUÉS-
He quedado con las chicas a las nueve para tomarnos una copa antes de la cena. ¡Vale! Llego un poco tarde, lo sé, pero antes tengo que pasar por casa de mi abuela a recoger la botella de Coca-cola; ella es la guardiana y custodia de nuestros deseos.
—Aquí la tienes, hija. Tal cual me la dejaste.
—Gracias, abuela. ¿Dónde vas que te has puesto tan guapa?
—Contigo.
—¿Cómo que conmigo?
—¿Acaso crees que me voy a perder este gran momento? Tengo una enorme curiosidad por saber si vuestros deseos se han cumplido. Bueno, y también por saber qué habíais pedido.
Me río. Mi abuela no cambiará nunca; es fantástica. ¿Os había dicho que ella también pertenece a nuestro club?
—No me lo puedo creer —me dice Arantxa— has llegado más tarde que yo.
Señalo a la culpable de mi retraso. Todas se alegran mucho de ver a mi abuela. Según Coral, es su ídolo.
—¿Lo has traído? —pregunta Helena ansiosa.
—Sí.
Saco la botella de Coca-cola de mi bolso y todas aplauden.
—¿Tenéis idea de cómo vamos a sacar los papelitos de ahí? —pregunta una Ana Mae un tanto despistada.
—¡Pues rompiendo la botella! —le contesta mi abuela.
—Pero... —intervengo yo— eso será después de la cena.
Después de someterlo a votación, decidimos ir a Rico Mambo en donde esta noche mi novio y mi cuñadita tienen una exhibición de baile. De camino a la discoteca, nos detenemos en una calle más o menos solitaria para romper la botella. Ana Mae agarra la botella por la embocadura y la golpea con temor contra el bordillo de la acera.
—No se rompe —dice con fastidio.
—No me extraña —protesta Coral— si todo lo coges así...
Va un poco contentilla por efectos del Lambrusco y ya no sabe ni lo que dice.
—¡Anda, trae!
Coral le quita la botella a Ana Mae dispuesta a estamparla con todas sus fuerzas. Pero se detiene cuando Arantxa empieza a gritar como una loca:
—¡Agua, agua!
Un coche de policía pasa por nuestro lado. Sonreímos como niñas inocentes de patio de colegio. Los policías nos observan y tras un cordial saludo, siguen su camino. Un ruido de cristales nos informa de que la loca de Coral ya ha destrozado la botella.
—¡Mierda! Me he cortado.
Arantxa, que lleva un bolso de supermadre, saca el equipo de emergencia y le hace las primeras curas; no ha sido más que un pequeño corte superficial. Yo, mientras tanto, recojo los papelitos del suelo antes de que acaben por volarse.
—Hay seis papelitos —digo sorprendida.
—Me declaro culpable —sonríe mi abuela— ¿qué pasa? Yo también quería participar.
Llegamos a Rico Mambo minutos antes de la exhibición. Voy a buscar a Héctor para desearle mucha suerte.
—¿Bailas conmigo? —le propongo al moreno más guapo de toda la pista.
Él sonríe y me da un beso.
—Me lo tengo que pensar, mi prometida está a punto de llegar y es muy, pero que muy celosa.
—¡Idiota!
Me lleva hasta la pista y bailamos una bachata de lo más sensual. Nunca me canso de decirle lo mucho que lo quiero. Y estoy superfeliz porque dentro de cinco meses seré su esposa. ¡Ups! Creo que me he adelantado a mi deseo.
—¿Ya habéis hecho la tontería esa de los deseos?
—Después de que tú bailes y... no es una tontería.
—¡No, qué va!
Le saco la lengua como haría el emoticono del whatsApp y después le doy un beso, en el momento en el que anuncian la próxima actuación.
—Me voy a buscar a las chicas; luego te busco.
Después de disfrutar de la actuación de Héctor y Sabrina, nos sentamos en uno de los reservados para finalmente, dar lectura de nuestros deseos... cumplidos o no.
—¿Quién empieza? —pregunta Arantxa ansiosa.
—Yo seré la mano inocente.
—Abuelita, tú de inocente tienes poco.
Todas nos reímos y aunque ella se finge ofendida, sabe que estoy en lo cierto.
—No pone nombre...
—¿Había que ponerlo? —pregunta Coral.
—Bueno, está claro que este deseo solo podía ser tuyo —le dice mi abuela—. ¡Deseo cumplido! Ahora soy bisabuela de unos delfines.
Todas nos reímos, es una historia muy bonita y divertida.

-EL DESEO DE CORAL-
Coral llevaba más de seis años adiestrando a Silka y Kaliv; no podía permitir que los vendieran. Lo intentó todo pero sus esfuerzos fueron inútiles pues los delfines iban a ser vendidos a un acuario de Estados Unidos y ella no iba a poder impedirlo. Hasta que a mi hermano se le ocurrió adoptarlos. Era una idea descabellada, en principio. Pero después de una campaña en la que todos nos vimos envueltos, Coral y Víctor montaron la asociación «Adopta un delfín» y por medio de las donaciones, consiguieron efectivamente, adoptar a Silka y Kaliv. Y así es como he pasado a ser la tía de un par de delfines. Como ya os dije, la historia es cuanto menos graciosa.

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—Bueno, ahora seré yo la mano inocente —dice Arantxa tomando un papelito—. Y la afortunada... ¡tachán, tachán! Ha sido la abuela.
—Salomé, por favor. Prefiero que me llaméis Salomé pues no soy tan vieja.

-EL DESEO DE SALOMÉ-
Mi abuela y Ezequiel estaban entusiasmados con sus clases de baile. Tanto es así, que se apuntaron a un concurso de bailes de salón. Mi abuela es la reina del tango. Y bueno Ezequiel, está claro, teniendo unos nietos bailarines... Héctor y Sabrina el año pasado fueron campeones de salsa en España. Mi abuela quería ponerse un vestido de lentejuelas y deslumbrar en las pistas de baile. Se entrenaron muy a fondo y aunque no consiguieron proclamarse ganadores, llegaron hasta la final quedando en cuarto lugar.

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—La abuela se nos va de marcha –bromea Coral.
—Calla niña u os saco a ti y a los delfines de mi testamento.
—Seguimos, ¿vale? Porque quiero acabar con esto antes de que llegue Valentín.
Helena saca un papel y casualidades de la vida: es el suyo.
—Bueno, pues ya lo puedo decir. Chicas, si esta noche no he bebido vino...
—Es porque eres una sosa —brama Coral.
—No, más bien porque estoy embarazada.
Todas saltamos de alegría y hasta volcamos una copa con la emoción. Luego ninguna se hace responsable del incidente pero estoy segura que ha sido Arantxa.

-EL DESEO DE HELENA-
Helena y Valentín lo habían intentado todo pero ella no se quedaba embarazada. No parecía existir ningún problema en base que lo impidiera; su ginecóloga determinó que era estrés. Finalmente optaron por someterse a un programa de reproducción asistida. Le pidió una excedencia a mi padre pero aun así parece ser que ese hijo no venía. Helena lo estaba pasando muy mal porque tanto meterle hormonas la estaban volviendo loca. El siguiente paso era la fecundación invitro y parece ser que esta vez sí: ella y Valentín van a ser padres. Helena está ya de dos meses pero no quería decir nada hasta que fuera seguro pues ya había sufrido demasiado las veces anteriores.

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—Esto se merece un brindis —proclama Ana Mae.
Y enseguida nos traen una botella de cava para celebrar.
—Ya solo quedan tres —digo a la vez que tomo un papelito—. Y le toca el turno a Arantxa.
Todas nos sorprendemos con su deseo; ninguna se lo esperaba.
—¡Caray! Ahora ya puedo decir que tengo una amiga escritora.
—Bueno... no es para tanto; solo es una colección de cuentos infantiles.

-EL DESEO DE ARANTXA-
Arantxa se pidió una excedencia de dos años tras el nacimiento de Eloy; es la suerte de ser funcionaria (aunque a ella no le gusta que digamos eso pero es la realidad, soy autónoma, sé de lo que hablo). Su excesiva protección para con su hijo la llevó a cometer los típicos errores de madre primeriza hasta que se dio cuenta que debía centrarse en otra cosa y relajarse; así no podía vivir. Y bueno, de este modo cumplió uno de sus sueños en el que llevaba mucho tiempo pensando pero que jamás se había atrevido a hacer real. A Arantxa siempre le ha encantado inventarse historias para sus alumnos y es muy buena dibujando. Así es como ideó el primer boceto de un cuento infantil. Dani, su marido, la animó a que lo enviara a una editorial aunque debo decir que Arantxa lo hizo sin muchas expectativas. Pero mira por dónde, les gustó la idea y le ofrecieron un contrato para una colección de cuentos infantiles.

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—Cuando te animes a escribir novela erótica, seré tu más fiel lectora —dice mi abuela— es que ya estoy mayor para cuentos de hadas.
Casi me atraganto al escucharla. ¡Está chalada! Pero si ya ni se ve con las gafas...
—Tú has visto a Grey —grita Ana Mae consiguiendo que todo el mundo se gire.
—Sí; las dos partes.
—¡La leche! —exclama Arantxa ruborizada.
—Ya solo quedáis dos... —dice Coral tomando un papelito— ¿quién será la afortunada? ¡Sí! Y... «The winner is...» la empresaria del año.
Obviamente se refiere a Ana Mae; yo sigo siendo una fotógrafa pringada y para más «INRI» autónoma.

-EL DESEO DE ANA MAE-
Por más números que hacía, Ana Mae la única solución que le encontraba a su problema era cerrar la tienda. Fue muy duro para ella, pues en parte le tocaba reconocer que había fracasado. Para combatir la ansiedad (ya que su estado económico no le permitía otra visita al IKEA), se dedicó a la pequeña bisutería. Ana Mae tenía muy buena mano para esas cosas y sus diseños eran una pasada. Un día se me ocurrió proponerle que los vendiera. Al principio le pareció una locura, acabar en los mercadillos medievales no era su visión de futuro. Pero Sergio que es experto en ordenadores, le abrió una web de venta online y en cosa de dos meses tenía más encargos de los que le daba tiempo a cubrir. Malú, que es adicta al Youtube un día se le ocurrió grabar un vídeo elaborando una pulsera y al subirlo al canal recibió tantas visitas que Ana Mae junto a su hija, acabaron haciéndose youtubers de la forma más tonta. Es increíble pero les va superbien. Jamás en la vida pensé que un canal de estos fuera tan rentable. Y así es como el Ave Fénix (o lo que es lo mismo: Ana Mae) resurgió de sus cenizas.

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—Y ya por descartes de toca a ti, Laura.
Antes de que Ana Mae lea lo que puse en el papelito, les enseño mi dedo anular. Todas gritan. Lo que no entiendo es cómo no se han dado cuenta antes.
—¡Te vas a casar!
—Eso creo...
Momento en el cuál, decide aparecer el novio con otra botella de cava.
—Bueno, veo que ya se lo has dicho —dice Héctor.
—Yo ya lo sabía —replica mi abuela— disimulas muy mal, Laurita.
—Tampoco es que fuera un secreto... pero quería decirlo cuando leyéramos nuestros deseos.
—Brindamos, ¿no? —propone Héctor.
Las chicas nos felicitan y sí, brindamos por nuestra boda. Todavía no me lo puedo creer...

-EL DESEO DE LAURA-
Después de tantísimas bodas a las que he asistido en mi vida, por qué negarlo, yo también quería casarme. Pero Héctor después de varios años de noviazgo y de estar viviendo juntos casi el mismo tiempo, jamás hacía referencia al matrimonio. Yo pensaba que él no creía en esas cosas. Pero me equivoqué. Y cuando menos lo esperaba sucedió. Para nuestro aniversario, que fue en verano, no pudimos irnos de viajes porque Héctor participa en muchos congresos de baile y su agenda no tenía hueco para nosotros. Así que retrasamos tanto el viaje que llegado el momento pensé que jamás nos iríamos. Pero sí, hace dos semanas que estuvimos en Roma. Ya sabéis, al revés significa AMOR. Y ahí, a los pies de la Fontana di Trevi, justo antes de que yo lanzara mi moneda, me lo pidió.
—Llevo un billete de diez. Héctor, ¿tienes suelto?
Sacó el anillo de su cartera y me lo entregó. A punto estuve de tirarlo a la Fontana. Menos mal que Héctor me detuvo.
—¡Espera, loca!
—¿Y eso? —pregunté observando el anillo.
—¿Tú qué crees?
Me daba miedo decirlo... Porque... ¿y si realmente no quería casarse conmigo y era simplemente un regalo?
—¿Nos casamos? Te prometo que esta va a ser la única boda en la que no tengas que estar trabajando.
—¡¡¡¡Sí!!!!
Y así es como Héctor y yo nos comprometimos de la forma más cursi, romanticona y clásica que existe. Pero para mí fue, mejor dicho, es inolvidable.

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—Chicas, creo que debéis reconocer que la idea de los deseos fue fantástica; —afirma Arantxa— aunque está mal que yo lo diga.
—Propongo un brindis por todos los deseos cumplidos —dice Ana Mae alzando la copa.
Chocamos nuestras copas y después bebemos apurando su contenido.
—¿Repetimos? —propone Coral.
—¿El brindis? —pregunto despistada.
—No, me refiero a los deseos.
Y así es como yo y las chicas dejamos constancia por escrito de nuestros nuevos deseos. ¿Esta vez se cumplirán? ¡Yo creo que sí! Solo nos queda esperar un año para saberlo.

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