EL AMOR ES UNA...

EL AMOR ES UNA...
(La fábrica de sueños)


A la venta en www.amazon.es



Hola amigos lectores:

Me complace informaos de que mi comedia romántica EL AMOR ES UNA... ya está otra vez disponible. De momento sólo en digital pues de la primera edición se vendieron 100 ejemplares y vamos a espera a que la novela tenga una buena acogida y difusión por el resto de España, y espero también llegue a latino-américa.  Podéis compartir con vuestros amigos por las redes sociales para darle mayor difusión a la novela. Y si podéis dejar un comentario en www.amazon.es ya que eso se valora mucho. Os dejo la sinopsis y un pequeño fragmento para aquellos que no habéis disfrutado todavía de esta disparatada historia, podáis haceos una idea de lo que sucede entre sus páginas.

SINOPSIS: EL AMOR ES UNA...
¿Has jugado alguna vez al parchís? ¿Alguna vez te has enamorado? La teoría de Laura es que tanto en el parchís como en el amor, se siguen las mismas reglas. Y ella es de las que siempre pierde la partida. Junto a sus seis amigas nos harán reír, llorar, descubrir el amor, desilusionarnos... Y si al final acabas pensando que EL AMOR ES UNA... ¡¡Bienvenid@ al club!!


FRAGMENTO:                       YO MISMA

Como ya lo he hecho antes, me ahorraré las presentaciones. ¿Quieres saber cómo empecé a jugar realmente al parchís? Pues no te pierdas detalle, porque te prometo que no tiene desperdicio.
Todo comenzó en la boda de mi ex. Qué gracioso, ¿no? Justo el día en el que se casaba el hombre con el que yo me tendría que haber casado, voy y conozco al verdadero «hombre de mi vida». Lo sé, suena a chiste, pero un chiste de muy mal gusto.
Estaba invitada a la boda (pero todavía no me ha quedado claro si como fotógrafa oficial o como exnovia reconvertida en amiga del novio). El caso es que fui a la boda y encima curré.
Lo normal en estos casos es que me hubiera sentido mal porque él se estaba casando y yo seguía sin tener a nadie a la vista.
Lo normal hubiera sido que en esos momentos yo me estuviera planteando la posibilidad de haber cometido el error más grande de toda mi vida. ¡Pero no fue así! Cuando vi a Diego frente al altar me di cuenta de que jamás hubiéramos sido felices juntos y de que, al igual que mi abuela, por muy guapo, simpático y buena gente que fuera Diego, jamás hubiera llegado a entregarme totalmente. Lo nuestro estaba destinado al fracaso desde un principio.
Pero volvamos al tema que nos atañe: «el hombre de mi vida». Apareció a mi lado en la mesa de los invitados. No era el más guapo de todo el salón, ni tan siquiera era más guapo que Diego, pero tenía algo en su mirada… Nunca había visto tanto descaro en una persona y eso hizo que me colara por él casi al instante.
—¿No piensas cenar esta noche? —Fue lo primero que me dijo.
—Estoy de servicio —le contesté señalando mi cámara.
Entonces, (¡qué fuerte!), él me tiró del brazo y me obligó a sentarme con estas palabras:
—Ahora los novios no están haciendo nada; siéntate ¡y come!
—¡Vale! Veo que no tengo muchas opciones…
Él se sonrió y entonces nos presentamos:
—Yo soy Laura…
—La ex del novio.
—¿Cómo lo sabes? —Me quedé alucinada.
—Porque me dijeron que me iban a sentar a tu lado para que no me aburriera… Por lo visto hablas mucho y estás requetebuena; en lo primero me mintieron y respecto a lo segundo… —Me dio un repaso general en décimas de segundo y siguió—: Creo que se quedaron cortos.
—¡Vaya! Debo decir… ¿gracias?
—¡Tú misma! Por cierto, yo soy Héctor; el ex de la novia.
En esos momentos estaba bebiendo agua y se me atragantó.
—¿A quién se le ocurre poner a los ex juntos? ¡Los vamos a poner a parir en su propia boda! —Fue un pensamiento en voz alta, pero a Héctor le hizo mucha gracia.
—¿Empiezas tú o empiezo yo?
—¿Quién dejó a quién? —Me atreví a preguntar.
—Técnicamente fui yo quien la mandó a paseo pero… Ella ya se tiraba a tu novio.
—¡Oh, no! Cuando Diego conoció a Cristina yo ya lo había dejado.
—¡Así que fuiste tú quien lo mandó a paseo!
—Sí… bueno… Me pidió que nos casáramos y yo no estaba preparada…
—Te estaba poniendo los cuernos.
Lo dijo con tanta seguridad que me volví a atragantar con el agua.
—¿Por qué insistes en ello? —lo dije bastante molesta.
—Porque es la verdad; y me parece que ya iba siendo hora de que tú lo supieras.
Cristina se lo había contado todo con pelos y señales y… ¡No me lo podía creer! ¡Diego me engañaba! ¡¡Me estuvo engañando durante siete meses!! ¡¡¡SIETE MESES!!! ¿Y sabes qué es lo peor de todo? Que solo me pidió matrimonio porque Cristina lo había dejado porque quería recuperar a Héctor. Fui el… ¡puto segundo plato!
En cuestión de segundo empecé a asfixiarme y… Tenía que salir de allí corriendo. Le entregué la cámara a mi hermano y lo dejé tirado. Luego me supo muy mal porque se comió él solo toda la boda pero… Tenía que huir o si no iba a acabar matando a los novios antes de que sacaran la tarta.
Salí al jardín y respiré todo lo profundo que pude, pero aun así no me llegaba el aire. Tenía el estómago vacío; no había cenado.
—¿Te gusta el helado de turrón con pasas? —Héctor apareció de la nada con un plato y una cuchara.
—Creo que no; gracias.
—Es igual; ¡come! —Y me obligó a que lo probara.
Se sentó a mi lado en el banco y no dijo nada mientras que yo me terminaba el helado de turrón y pasas (¡qué asco!).
—Lo siento. Todas las mujeres que conozco opinan que soy un cabrón; ¡y es cierto! No debí soltarte todo ese rollo precisamente hoy.
—Nunca es tarde si la dicha es buena… —dije yo, aunque no acababa de creérmelo.
—¿Te apetece bailar?
—¡No pienso volver ahí dentro!
—En eso estamos de acuerdo.
Me tiró del brazo, dejó mi plato vacío en el banco y se me llevó arrastras hasta otro salón que había al final del jardín.
—No podemos entrar ahí; ¡no estamos invitados!
—¿Y eso quién lo sabe?
Resumiendo: nos colamos en otra boda, bebimos hasta perder la cuenta de los gin-tonics y… acabamos haciéndolo en el baño de señoras. ¡Qué fuerte! En mi vida había hecho algo así. Fue… No sé cómo describirlo… ¿Atrevido? ¿Excitante? ¡¡¡Fue el mejor polvo de mi vida!!!
Pero estas cosas solo pasan una vez y la noche tocó a su fin. Le di mi número de teléfono y luego me volví a casa con mi hermano.
Estuve tres días esperando a que me llamara pero, ¡idiota!, ¿no sabes que los hombres nunca llaman?
Mi consejo, Laura: «OLVÍDATE DE ESE “piiip” (elige el insulto que más te guste); ÉL NO TE MERECE».





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